Hasta hace unos años, el hecho de que una institución educativa apareciera en internet era suficiente para cubrir las expectativas de los usuarios. Sin embargo, con la rápida evolución del entorno digital, la mera presencia digital de los centros no es suficiente y es imprescindible habilitar espacios acordes a las demandas de la sociedad.

¿Debe contener información sobre la oferta formativa? ¿Debe facilitar datos de horarios y exámenes? ¿Debe incluir los precios y cuotas? ¿Debe primar el texto o la imagen? Son muchas dudas las que asaltan a los responsables de poner en marcha o revisar la página web de un centro educativo.

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Sin embargo, la clave del éxito de una web educativa reside en la capacidad de dar respuesta a las necesidades de los usuarios. Se trata de ponerse en los zapatos del internauta y reconocer qué es lo que busca cuando navega por la página.

Para ello, es importante seguir los siguientes pasos, tanto si se trata de la creación de una web como de la adaptación de la existente:

  • Definir a quién va dirigida. Esta cuestión debe ser el punto de partida en el diseño o modificación de la web del centro, ya que va a determinar el contenido y estructura de la misma. De hecho, uno de los principales problemas de las páginas del sector formativo es que olvidan los diferentes interlocutores con los que interactúan. La web del centro debe integrar a los siguientes colectivos:
    • El alumnado y sus familias, que realizan consultas sobre el desarrollo del curso escolar.
    • Los potenciales clientes, que acceden a la página para obtener información sobre los servicios que ofrece la institución.
  • Establecer los objetivos de la página. Teniendo en cuenta cada perfil de usuario, el centro debe recoger las finalidades que persigue con la página: facilitar información sobre la oferta educativa y precios para el público objetivo; divulgar las actividades que se desarrollan en el centro; incluir enlaces directos a las plataformas de gestión educativa donde docentes y estudiantes intercambian información; permitir el acceso del alumnado a datos sobre su horarios, etc. Hay tantas posibilidades como centros educativos, por lo que cada institución deberá adaptarse a sus circunstancias. Por ejemplo, una escuela de Infantil no tendrá que colgar los calendarios de exámenes, a diferencia de una universidad, pero sí podrá compartir los dibujos realizados en clase en una galería de imágenes.
  • Buscar inspiración en otras web educativas. Existen numerosas instituciones formativas, tanto nacionales como internacionales, que han sabido aprovechar el potencial de internet para la puesta en marcha de páginas muy innovadoras. Sondear la red en busca de estas buenas prácticas que aplicar a la web del centro es un buen sistema para mejorar tu presencia digital.
  • Estructurar el contenido. Una vez que se han definido todas las funcionalidades que va a cubrir la web llega la hora de organizarlas. Se trata de realizar un mapa web que sirva de referencia a la hora de estructurar la web y los contenidos. Si te sirve de ayuda, imagina que estás desarrollando el guión del temario de una asignatura; destaca los bloques principales y jerarquiza los contenidos por subsecciones.

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