¿Para qué sirven los exámenes? Aunque muchos alumnos planteen esta cuestión en el aula con frecuencia, los docentes son conscientes de la importancia de las pruebas a lo largo del curso para conocer el grado de comprensión y adquisición de los conocimientos. Solo comprobando periódicamente que los contenidos son asimilados, los estudiantes pueden seguir evolucionando en su aprendizaje. La misma idea se aplica al proyecto educativo. ¿Cómo puede el centro cerciorarse de que está haciendo un buen trabajo? ¿Cómo puede detectar los fallos y subsanarlos? Surge así la evaluación de un proyecto educativo como instrumento esencial de gestión en el ámbito educativo.

Por qué realizar la evaluación de un proyecto educativo

Concepto de la evaluación de un proyecto educativo

La mejora continua de las instituciones formativas va de la mano de la evaluación de un proyecto educativo, pero ¿en qué consiste esta herramienta?

La investigadora María Casanova la define como el “proceso sistemático y riguroso de recogida de datos, incorporado al proceso educativo desde su comienzo, de manera que sea posible disponer de información continua y significativa para conocer la situación, formar juicios de valor respecto a ella y tomar decisiones adecuadas para proseguir la actividad educativa mejorándola progresivamente”.

Para Carol H. Weis, autora de Investigación evaluativa, la evaluación de un proyecto educativo consiste en “medir los efectos de un programa por comparación con las metas que se propuso alcanzar, a fin de contribuir a la toma de decisiones sobre el programa y para mejorar la programación futura”.

Por su parte, Ramón Pérez Juste, en Evaluación de programas educativos, describe la evaluación de un proyecto educativo como “un proceso sistemático, diseñado intencional y técnicamente, de recogida de información -valiosa y fiable- orientado a valorar la calidad y los logros del mismo, como base para la posterior toma de decisiones de mejora, tanto de dicho proyecto, como del personal implicado y, de modo indirecto, del cuerpo social en que se encuentra inmerso”.

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Ahora bien, para que este proceso analítico genere resultados debe cumplir varios requisitos:

  • Periodicidad. No basta con realizar la evaluación en alguna ocasión de su gestión o desarrollo, sino que el proyecto educativo debe someterse a examen de forma constante y periódica, como señala Samuel Gento Palacios en su trabajo Marco referencial para la evaluación de un proyecto educativo.  
  • Integración. El proceso debe integrar a toda la comunidad educativa para producir efectos positivos. Como establece J. Plante en Evaluation de Programme, “es preciso contar con la cooperación voluntariamente ejercida de los implicados en el proyecto; por el contrario, cuando se realiza contra la voluntad de aquéllos, nos encontramos ante el denominado síndrome de Penélope, en el que, por no existir el necesario clima de confianza, la evaluación estará condenada al fracaso”.
  • Trifásica. El análisis del proyecto educativo debe realizarse en las tres etapas de desarrollo: una vez elaborado el programa y antes de su ejecución; durante la fase de puesta en práctica; tras la conclusión del mismo.

Razones para implementarla

Si bien la mejora continua de la educación impartida en el centro es el objetivo principal de la evaluación, el análisis y estudio del proyecto educativo también aporta otra serie de beneficios que afectan a toda la comunidad, ya que permite:

  • Conocer si se están cumpliendo los objetivos. Se trata de determinar si el proyecto educativo en cuestión ha superado el examen, si está consiguiendo los fines para los que se elaboró en mayor o menor medida. De este modo, el centro formativo obtendrá una panorámica global del éxito o fracaso del proyecto.
  • Detectar las áreas de mejora. La perfección dentro del ámbito de gestión educativa, en el que intervienen factores cambiantes como la renovación anual del alumnado, es prácticamente imposible. Aun cuando el centro consiga un proyecto educativo extraordinario un curso, este deberá adaptarse al nuevo escenario al año siguiente. Por tanto, evaluar el proyecto posibilita sacar a la luz las debilidades o fallos del sistema y, una vez detectados, aplicar soluciones.
  • Adecuar los objetivos del proyecto. Con los problemas sobre la mesa, la evaluación de un proyecto educativo permite corregir los fines y metas del mismo, adaptándolos a la situación real y satisfaciendo las necesidades del centro y la comunidad educativa.
  • Definir el orden de prioridad de las metas. Al conocer cuál es la situación global del proyecto educativo en su ejecución práctica, el centro puede determinar cuáles son los objetivos prioritarios, facilitando la focalización en esas metas principales y evitando la pérdida de tiempo y recursos en fines secundarios.
  • Reforzar la implicación de todos los colectivos vinculados con el centro. Partiendo de la base de que en la evaluación deben intervenir desde la dirección de la institución y el equipo docente, hasta el propio alumnado y sus familias, este instrumento de análisis contribuirá al aumento de la participación de la comunidad educativa, lo que a su vez estrechará la relación entre todos los participantes.
  • Mejorar la satisfacción de la comunidad educativa. En relación con el punto anterior, el hecho de que los estudiantes y sus progenitores sean escuchados y tenidos en cuenta a la hora de diseñar un proyecto educativo impacta positivamente en la aimagen y reputación de la institución y mejora la fidelización de las familias.
  • Conocer el grado de motivación y capacidad del equipo docente. Gracias a la evaluación de un proyecto educativo, el centro podrá conocer el grado de bienestar de los profesionales y aplicar medidas para mejorar la implicación, satisfacción y capacitación de los maestros y/o profesores. La preocupación de la institución por el personal, además, se convertirá en un reclamo para atraer a los mejores talentos.
  • Ajustar los presupuestos. Dado que el análisis del proyecto educativo refleja qué está funcionando y qué no, el equipo directivo podrá optimizar los recursos económicos, eliminando el gasto en acciones infructuosas y reforzando los recursos en aquellas iniciativas que sí están teniendo éxito.
  • Incremento de la calidad educativa. Al detectar las áreas de mejora y aplicar medidas para subsanar los fallos, la evaluación de un proyecto educativo produce un alto impacto en la calidad formativa ofertada, lo cual es determinante para captar alumnado.
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